El problema
El negocio funcionaba. Lo que no funcionaba era escalarlo.
Las reservas entraban por tres grupos de WhatsApp distintos. El horario del día vivía en una hoja de papel pegada a la pared de la oficina. Una hoja de cálculo compartida intentaba seguir quién tenía servicios recurrentes y qué empleada estaba asignada, pero perdía sincronía a la hora de cualquier cambio.
Los síntomas eran los típicos de una empresa de servicios que superó sus herramientas. Dos empleadas enviadas a la misma dirección. Clientes recurrentes olvidados cuando la persona de despacho libraba. Reseñas que nunca se recogían porque nadie hacía seguimiento. Pagos perseguidos por mensajes una semana después del servicio. Clientes que llamaban a la oficina para saber cuándo llegaría su limpiadora, porque no había otra manera de saberlo.
Los dueños habían probado software genérico de field-service dos veces. Las dos veces falló porque el producto era genérico y el equipo no lo adoptó. El encargo a nosotros fue específico: construye el sistema que esta empresa realmente necesita, con la forma en la que esta empresa realmente trabaja, y haz que sea aburrido de usar.


